Les comparto un correo que me envió una lectora. Ella comparte su deseo de abandonar el método tradicional de golpes, gritos y castigos, pero se siente perdida por no encontrar otras alternativas de disciplina que pueda aplicar con su niña de 7 años.

Hola buenas tardes, soy Giovanna. 

Muy interesante todo lo que he leído, voy a poner en práctica estos consejos. 

Le cuento. Tengo una niña de siete años; está al cuidado de mi mamá porque yo trabajo. El problema es que no me obedece: si le doy una orden no cumple, o si no me responde, hasta me alza la voz y como no paso tiempo con ella, no hace nada por realizar sus tareas ella sola. Cuando ya llego de trabajar tengo que enseñarle las tareas y ahí es un berrinche –  se pone testaruda, no hace nada, comienza a llorar y a decirme que yo no la  quiero porque la castigo y no le hablo de buena manera, pero yo por más que le hablo con cariño ella no entiende, cosa que a mí se me agota la paciencia y allí le castigo. 

A mí no me gusta castigarla, me da pena y me duele mucho lo que le hago, pero no me queda de otra. Ya no sé qué hacer. Ayúdeme… por favor, ¿qué puedo hacer?

Entramos aquí en uno de los temas más difíciles de tratar, pues sé que muchas mamás tienen dificultad para aceptar los que les voy a sugerir.

Hay muchos elementos que se combinan en la situación que Giovanna describe:

Como ella trabaja, su mamá le ayuda a cuidar a la niña, por lo que me atrevo a decir que es muy probable que ella se sienta culpable por no pasar tiempo con la niña. Pero, además, al pasar tiempo con la abuela, puede suceder que la autoridad para la niña sea la abuela, ya sea que la abuela se dé cuenta o no, o que haga algo para fomentar esta creencia o no.

En todo caso, lo que a Giovanna le gustaría es que, al llegar a la casa, su convivencia con la niña fuera lo más armónica posible, pero.… llega cansada de trabajar y le toca hacer la parte menos agradable de la convivencia con la niña que es hacer la tarea.

Estoy segura que, a muchas de ustedes, esto les suena conocido.

Me gustaría dedicar un poco de espacio para contestar ampliamente acerca de este tema.

Para comenzar, yo les hago una pregunta: ¿quién tiene que hacer la tarea? Y la respuesta correcta es: la niña. Yo estoy segura que Giovanna, al igual que todas ustedes, ya cursó el primero de primaria. La función de mamá cuando un niño está haciendo la tarea es resolverle dudas, no hacer la tarea con él!  Y, si ustedes lo acostumbran al famoso “vamos a hacer la tarea,” se están condenando a que siempre tendrán que hacerlo así, Y, peor aún, le están mandando el mensaje a los niños de que ellos solos no pueden.

De manera que lo primero que yo les diría en ese sentido es, de entrada, no acostumbren a sus hijos a hacer la tarea con ellos. Pero si ya lo hicieron, rompan el círculo vicioso cuanto antes. Dejen que los niños hagan la tarea solos.

Como yo la contemplo, la situación ideal es: establezcan un horario en el cual los niños les pueden hacer preguntas, por ejemplo, de 4 a 6 de la tarde. Y si el niño no lo aprovechó, a partir de ese momento debe de hacerlo solo.

Es función de la maestra revisar la tarea, porque la tarea tiene dos objetivos fundamentales: que el niño repase lo que aprendió en la escuela y que la maestra sepa si domina o no el conocimiento. Si ustedes hacen la tarea con el niño, la maestra nunca sabrá lo que el niño aprendió o no. No le hagan el trabajo a la maestra en perjuicio de sus hijos.

Peor aún. Como podemos ver en el relato de Giovanna, intentar ayudar a la niña con la tarea simplemente crea conflictos entre ellas. Daña la relación.

Lo que yo le sugerí a Giovanna es una estrategia que he utilizado en el consultorio, con familias en las que la mamá trabaja. Cuando la he propuesto, la reacción inicial de las mamás generalmente ha sido de rechazo, por lo que estoy segura que, en muchas de ustedes, eso es lo que va a generar. Pero también les comento que en TODOS los casos, cuando la mamá se atrevió a probarlo – la reacción cambió: los resultados obtenidos fueron positivos.

Sé que a muchos de ustedes les cuesta trabajo probar algo nuevo; lo único que les pido es que, antes de decir que no funciona, lo intenten… a la mejor se lleven una agradable sorpresa.

Voy a describir la situación como ocurre en el consultorio; si deciden hacerlo, ustedes tendrán que hacer las modificaciones para establecer este sistema en su hogar.

Yo empiezo por preguntar a cada uno de los miembros de la familia por separado qué prefieren cuando mamá llega a la casa, hacer la tarea o jugar. La respuesta de todos, obviamente, es jugar. Por lo que yo les planteo, a todos juntos, que en el momento en que mamá llega a la casa, los cuadernos se cierran –  ya no es hora de hacer la tarea.

En el transcurso de la tarde se puede establecer un horario para que los niños puedan llamar a mamá por teléfono y preguntarle sus dudas, pues ella está trabajando y no puede contestar a cualquier hora. Una variante de este sistema es que sea la mamá la que marque, de acuerdo a un horario acordado previamente, para que los niños le planteen sus dudas. O bien, la persona que está al cargo de los niños podría resolverle las dudas y después nada más supervisar que haga la tarea – antes que mamá llegue a casa.

Todo esto es para mejorar la relación entre la mamá y los niños.

Aquí es un buen momento para hacerte una pregunta que también planteo en el consultorio: qué es más importante para ti, tu relación con tu hijo o que tu niño haga la tarea? Si tu respuesta es que es más importante que haga la tarea, esta estrategia no es para ti.

Veamos ahora otro de los puntos del mensaje de Giovanna. Ella menciona:

El problema es que no me obedece… cuando ya llego de trabajar tengo que enseñarle las tareas y ahí es un berrinche –  se pone testaruda, no hace nada, comienza a llorar y a decirme que yo no la  quiero porque la castigo y no le hablo de buena manera, pero yo por más que le hablo con cariño ella no entiende, cosa que a mí se me agota la paciencia y allí le castigo. 

A mí no me gusta castigarla, me da pena y me duele mucho lo que le hago, pero no me queda de otra.

Si para ustedes tener una buena relación con sus hijos es más importante que conseguir que ellos hagan la tarea, les será más fácil aplicar las ideas que manejamos en este espacio.

Yo no creo que haya nadie a quien verdaderamente le guste castigar a sus hijos, pero lo que menciona Giovanna es lo que seguramente le sucede a muchos de ustedes: no me queda de otra. 

¿Saben? Sí les queda de otra. Pero para lograr resultados diferentes, tienen que hacer cosas diferentes. Como mencionaba Albert Einstein en una de sus frases más conocidas:

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo…”

Yo sé que todos ustedes sienten que han probado “de todo,” pero lo que tal vez no hayan probado es cambiar sus objetivos. Lo que ustedes han comprobado una y otra vez es que no puedes lograr que el niño los obedezca y mientras que ese sea su objetivo, probablemente seguirán obteniendo los mismos resultados.

Intenten cambiar sus objetivos.

Doblegar la voluntad de un niño aún a costa de romper su espíritu no es el objetivo de la educación.

Cuando llegas a casa cansada de trabajar y tienes que lograr que tu hijo haga la tarea, lo más probable es que él también se encuentre cansado y prefiera pasar un rato agradable contigo.

¿Qué sucedería si, al llegar a casa, Giovanna le propone a la niña que jueguen un rato, que salgan a dar una vuelta a la manzana, que platiquen y, una vez que hayan regresado, contentas de esta convivencia, la niña se siente a hacer la tarea y la mamá solamente la supervise?

O ¿qué sucedería si, con anticipación y en un buen momento, mamá e hija se ponen de acuerdo en que la niña haga la tarea temprano y, cuando la mamá llegue, salgan a dar la vuelta, juegan un rato o platican?

Entonces la niña tiene una motivación placentera para hacer sus deberes, que no sea únicamente evitar el castigo o pasar un mal rato con la mamá.

¿No sería ésta una mejor forma de respetar a tus hijos y de respetarte a ti misma?

Por favor, dense  cuenta que muchas veces la única forma en que un niño consigue su atención es a través de un berrinche. No le den su atención cuando está haciendo un berrinche. Pero denle toda la atención cuando está haciendo lo que acordaron, o cuando su conducta es aceptable, o cuando va en la dirección correcta.

Espero que estas ideas les sean de utilidad. Recuerden:

Llena su vida de tanto y tanto amor que no quede espacio ni para un solo castigo.

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