A todos nos encanta dormir, pero sabemos muy poco de esta actividad que ocupa más o menos la tercera parte de nuestra vida. Hoy me gustaría comentar con ustedes dos de los principales problemas que presentan los niños durante el dormir: las pesadillas y los terrores nocturnos.

Para la mayoría de los niños, dormir significa ser arropado y descansar; es el momento de recargar las energías para el día siguiente, Pero para un alto porcentaje de niños y niñas, esto no es así, ya que sufren de alguno de estos trastornos.

Cuando dormimos, atravesamos por diferentes etapas; es decir, no siempre dormimos de la misma manera. El dormir se clasifica en etapas de acuerdo a la profundidad del mismo; una forma en que podemos darnos cuenta de que esto es cierto es si pensamos que, a veces, nos cuesta mucho trabajo despertar a alguien y otras veces un susurro basta para despertarlo. Entre más profundo es el sueño, más esfuerzo tenemos que hacer para despertar a alguien.

Además, tampoco descansamos igual durante toda la noche. Entre más profundo es el dormir, más descansamos.

¿Alguna vez has visto a tu bebé mientras está dormido? Observa con detenimiento; en algunos momentos, mueve los ojos. Los expertos han encontrado que, cuando la persona está dormida y sus ojos se mueven, está soñando. Debido a esto, se ha clasificado el dormir en dos grandes tipos:

MOR: cuando hay movimientos oculares rápidos y estamos soñando

No MOR: cuando no los hay

Hablemos ahora del tema que nos preocupa.

 Las pesadillas son sueños angustiantes; suceden en el estadio MOR y generalmente se presentan en la segunda mitad de la noche; el niño se despierta gritando, asustado, y después tiene dificultad para volverse a dormir. Muchas veces el niño puede decir “soñé feo”, pero sabe que fue un sueño. Con frecuencia las pesadillas se asocian con situaciones que le producen angustia al niño durante el día; por ello es importante detectar la causa y ayudar al niño a manejarla (por ejemplo, temor ante los cambios, un mal día en la escuela, haber visto una película de miedo).

Por su parte, los terrores nocturnos se presentan durante las primeras horas de la noche, durante el dormir más profundo del estadio No-Mor; por lo tanto no se relacionan con sueños. Se trata de despertares incompletos; es decir, el niño no está completamente despierto y no se da cuenta de lo que está pasando. Para los padres puede resultar muy angustiante observar al pequeño, pues grita, llora, se le ve sudoroso, su corazón late rápidamente, puede tener la carne de gallina, expresión de angustia. Pasado el episodio, el niño vuelve a dormirse y, al día siguiente, no recuerda lo que sucedió.

  • Comienzan a presentase en niños a partir de los 18 meses y hasta los 7 u 8 años de edad, pero la gran mayoría de los afectados, tiene entre 3 y 4 años.
  • Por lo regular, los terrores nocturnos desaparecen antes de la adolescencia; si se presentan con demasiada frecuencia, tu pediatra te puede recomendar algunos medicamentos que ayudan a mejorar la situación.
  • Algunos especialistas sugieren que hacer una siesta corta durante la tarde puede ayudar a mejorar el problema, ya que los terrores nocturnos se asocian con un dormir demasiado profundo, por lo que el niño no puede despertar. Además, con frecuencia van acompañados de otros trastornos del dormir, como hablar dormido o sonambulismo.
  • Otros recomiendan “programar un despertar nocturno”, estrategia que, si se aplica de forma correcta, parece tener buenos resultados.

Como puedes ver, se trata de dos trastornos completamente diferentes, y su manejo también es diferente. Veamos un cuadro que nos puede ayudar a distinguir uno de otro.

 

Si tu niño presenta alguno de estos trastornos, tú puedes ayudarle. En el caso de las pesadillas, platica con él, pídele que te cuente lo que soñó; pero recuerda que los niños pequeños no distinguen todavía la fantasía de la realidad, por lo que decirles “sólo es un sueño” puede no tener ningún efecto sobre el niño. El factor más importante puede ser tu presencia tranquilizadora.

En el caso de los terrores nocturnos, ya que el niño no se da cuenta de lo que está sucediendo, tal vez lo más importante es que ustedes, sus padres, mantengan la calma durante el episodio; saber que con el paso del tiempo la situación mejora puede ser de ayuda para ustedes. Como mencioné antes, si se presentan con demasiada frecuencia, consulta con tu pediatra; pedirle  al niño que “haga algo” no servirá de nada, pues él no sabe qué es lo que le está sucediendo.

Espero que esta información te sea de utilidad. Si requieres más información, no dudes en contactarme.  ¡Suerte!