Desde hace ya muchos años nos hemos acostumbrado a que, en cuanto empieza el mes de diciembre, la radio, la televisión y los comercios se saturan de “Navidad.” Como se trata de una época que la mayoría de la gente asocia con “paz, armonía, buena voluntad y buenos deseos,”podríamos pensar que la Navidad es una época maravillosa, que todos esperan con gusto y emoción.

Pero para sorpresa de muchos de nosotros, cuando le preguntamos a la gente su opinión acerca de la Navidad, muchos contestan que la odian. Especialmente los adolescentes.

En este pequeño artículo intentaré explicar por qué podría estar sucediendo esto.

Al igual que las vacaciones en general, la Navidad es una época que pone de manifiesto la soledad que experimentan muchas personas; pareciera que “todo el mundo” compra muchos regalos porque tiene muchos amigos y familiares a quienes quiere festejar. Pero, ¿qué pasa con los que no tienen que comprar nada? La perspectiva de pasarla solo cuando “todo mundo se la pasa tan bien” aumenta la sensación de fracaso y soledad de estas personas.

Y los que tienen que comprar muchos regalos tampoco parece que se la pasen bien, porque la perspectiva de gastar mucho no es deseable, especialmente en esta ya larga época de crisis por la que atraviesa el país… y cada uno de nosotros!

Agreguemos a esto que “todo el mundo” espera que te la pases bien y tú, en verdad, te sientes triste. La energía que debes invertir para disimular que tú también te la estás pasando súper es enorme.

Si, por otro lado, revisamos cuál es el origen de esta celebración, nos daremos cuenta que ésta ha sido totalmente desvirtuada, situación que a muchos les desagrada. Pero que no pueden dejar de cumplir con lo que se espera de ellos.

Y entonces podemos empezar a visualizar lo que pasa con los jóvenes adolescentes: además de lo ya descrito, ellos tienen que enfrentar el dilema de pasar una fiesta en familia cuando, en realidad, preferirían estar con sus novias o amigas. La perspectiva de pasar una velada en familia no es atractiva para muchos de ellos, especialmente porque saben que tienen que cumplir con las expectativas de los grandes de llegar a tiempo, vestirse elegante, llevar regalos y pasársela bien. Hmmm, ¿recuerdas cuando tú eras adolescente?

Lamentablemente esta parece ser la realidad privada de la Navidad. En efecto: la cara pública de la Navidad es que todo el mundo está feliz y contento; pero en corto, en el análisis privado de cada persona, la realidad parece ser muy diferente.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Si a ti te gustaría hacer algo para mejorar esta situación, tal vez éste sea el año en que puedes empezar a hacerlo.

  • Revisa tus propios sentimientos respecto a la Navidad
  • Invita a tus hijos a exponer sus sentimientos. Recuerda no criticar sus puntos de vista, pues el objetivo de una plática como ésta es resolver juntos una situación molesta y la crítica hace que los jóvenes se cierren al diálogo.
  • Busquen alternativas juntos. Analicen juntos las propuestas;  no descartes las sugerencias de los demás sin haberlas estudiado abiertamente entre todos.

Espero que estas ideas te sean de utilidad; sobre todo recuerda que lo más importante es que el tiempo que puedas pasar con tus hijos sea un tiempo de calidad que todos puedan recordar con gusto.

¡Feliz Navidad!