En los primeros meses de vida, los padres constituyen todo el mundo del bebé; son su principal fuente de cariño e información.

Los padres pueden impulsar el desarrollo de muchas habilidades. Las actividades cotidianas pueden usarse como oportunidades de convivencia y aprendizaje. Por ejemplo:

Cuando bañas a tu bebé, ayúdalo a conocer su cuerpo; si nombras cada una de las partes del cuerpo mientras lo enjabonas suavemente, el bebé empezará a reconocerlas; puedes decir, por ejemplo: “estas son tus manitas” o “voy a enjabonar tu cuello.”  Así, poco a poco, aprenderá el nombre y función de cada una de las partes de su cuerpo: “con tus piernas puedes patalear” o “aprieta mi mano mientras enjuago tu pancita.”

Este conocimiento, aparentemente sencillo, es fundamental pues nos permite empezar a reconocernos como seres individuales, separados e independientes de los demás.

Además, el baño ayuda a promover el desarrollo emocional de tu bebé: tu toque suave y amoroso durante el baño, las caricias al secarlo, untarle crema y vestirlo, acurrucarlo y mecerlo después, apoyan un desarrollo saludable y feliz. Muchas investigaciones han encontrado que el contacto físico promueve un desarrollo social y emocional saludable, y mejora las habilidades motoras del  bebé.

Ya sea que lo bañes en tina, en regadera o aún con una esponja húmeda, habla con tu bebé mientras lo bañas; así estimulas el desarrollo del lenguaje y su cercanía emocional contigo.

Prueba también utilizar diferentes texturas al tocar su cuerpo; por ejemplo: utiliza una esponja, una toalla, o un estropajo suave sobre su espalda, e invítalo a experimentar las diverss sensaciones que estos objetos producen. Para ti, como mamá, también puede ser una experiencia interesante observar cómo la reacción frente a este y otros tipo de estímulos varía conforme el bebé va creciendo.

Para el bebé, el agua es un ambiente mágico. Conforme va creciendo, podemos estimularlo de otras formas; por ejemplo: si lo dejamos jugar con recipientes de diferentes tamaños, o los usamos para echarle agua, el bebé va aprendiendo la relación entre tamaño y volumen: entre más grande es un recipiente, ¡más agua le cabe!

Aprenderá también que algunos objetos flotan, mientras que otros se hunden; que algunos emiten sonidos y otros llevan a cabo alguna función graciosa mientras juega con ellos en el agua. Puedes darle una esponja y enseñarle a exprimirla para que escurra el agua; o enseñarle a golpear la superficie para salpicarse – ¡o salpicarte a modo de juego! ¿Y qué tal darle alguno de los libros que ahora existen y que pueden meterse a la tina?

El objetivo es hacer de la hora del baño un momento de convivencia y cercanía agradable.

Durante el baño, también es muy importante tener en cuenta la seguridad del bebé:

  • cuando es muy pequeño, coloca tu antebrazo debajo de su cabecita; esto da al bebé una sensación de apoyo, y a ti te da mayor control sobre tus movimientos
  • cuando ya se sienta solo, aprovecha esta posición para bañarlo. ¡Pero nunca lo dejes solo! El menor descuido puede ser grave si el bebé está en el agua
  • asegúrate de tenerlo al alcance de tu brazo en todo momento y nunca salgas del baño
  • prepara todo lo que vas a necesitar con anticipación: toalla, limpiador facial, algodón, pañales y ropa limpia, para que puedas quedarte todo el tiempo con él
  • llena la tina solo hasta la altura del ombligo del niño
  • comprueba que la temperatura del agua esté entre 37 ° C y 38 ° C antes de meter al niño – aunque puede ser útil, no es necesario utilizar un termómetro cada vez; la mayoría de las mamás aprenden a reconocer al tacto cuál es la temperatura ideal del agua
  • asegúrate de que el grifo de agua caliente esté bien cerrado – de manera que el niño no pueda abrirlo en forma accidental o propositiva. Cuando el baño esté listo, deja correr brevemente agua fría por el grifo para evitar que alguien se queme
  • vacía la tina tan pronto como termines de bañarlo – asegúrate de cerrar la puerta del baño mientras haya agua en la tina

Alrededor de los  2 años, los niños se han vuelto más independientes – pero no lo suficiente como para dejarlos solos en la tina o en la regadera. En ocasiones, manifiestan tener miedo a bañarse; si esto sucede, debes tomar en serio el miedo del niño y ayudarlo a superarlo. Puedes intentar:

  • platicar con él para tratar de entender a qué le tiene miedo
  • bañarte con él en la tina
  • animarlo a elegir qué juguetes quiere meter a la tina o la regadera
  • dejar que se siente o juegue en el baño sin agua
  • algunos niños tienen miedo de irse por el desagüe y, aunque a nosotros nos puede parecer gracioso, para el niño es un miedo real. Ofrécele salirse de la tina antes de comenzar a vaciarla
  • bañarte con él en la regadera

La hora del baño forma parte de la rutina diaria de los niños; para muchos, es una manera perfecta de marcar una separación entre el tiempo de estar activo y el tiempo de empezar a prepararse para ir a dormir. Pero no todos los niños son iguales: a algunos no les gusta que los bañen inmediatamente después de comer y muchas mamás prefieren bañarlo antes de alimentarlo. Lo más importante es que tú vayas encontrando cuál es el mejor momento para ti y para tu bebé.

La hora del baño es muy importante – no es sólo un momento de limpieza para su cuerpo – es también un buen momento de aprendizaje y convivencia, que te brinda la oportunidad de establecer un vínculo cercano con tus hijos.

¡Haz de la hora del baño un momento placentero, un momento relajante y divertido para cerrar el día con tus pequeños!