“Cuando los padres cuidan de los hijos, bailan los padres y bailan los hijos; cuando los hijos cuidan de los padres, lloran los padres y lloran los hijos.”

Sabiduría popular judía

Para muchas personas, el tema del que hablaremos hoy puede ser fuerte y doloroso; muchos se sentirán acusados o señalados, culpables o aún molestos. Para otros, el tema será más bien una fuente de inspiración y esperanza. Todo dependerá de tus propios valores y de tu capacidad de sentir amor y gratitud.

Hablemos, pues, de lo que sucede cuando los padres envejecen y los hijos deben cuidar de ellos.

Según la ley de la vida, los padres deben cuidar de sus hijos; pero, con los avances de la medicina y la tecnología, las expectativas de vida de las personas se han ido incrementando, con lo cual muchos hijos ahora deben hacerse cargo del cuidado de sus padres… tarea nada sencilla desde diversas perspectivas. Como reza el dicho popular:

“Un padre puede criar diez hijos, pero diez hijos no pueden cuidar a un padre…”

En las sociedades primitivas se venera a los ancianos por su sabiduría y conocimientos; son el ejemplo para los más jóvenes, quienes los cuidan y respetan. Pero en las sociedades “más desarrolladas”, que tienen un mayor acceso a la ciencia y la tecnología, estos valores se han ido perdiendo.

En “El País de las Sombras Largas”, el escritor suizo Hans Ruesch  describe las costumbres de los esquimales; menciona, por ejemplo, que en el momento en que un anciano ya no es capaz de valerse por sí mismo, lo separan del grupo y lo dejan solo, a esperar su muerte.   Esta práctica, que a nosotros podría parecernos cruel y aterrorizante, está rodeada de un valor espiritual que le da un sentido completamente diferente:

Los esquimales creen que existe otro mundo al que van sus muertos; de manera que no están sacando a los ancianos para morir y desaparecer, sino para ayudarlos a pasar a la otra vida. De esta forma, ser enviado a esperar la muerte es visto como una bendición, una forma elegante de partir sin convertirse en una carga para los demás ni generar resentimiento. Las personas mayores permanecen en la mente de los vivos como un recuerdo más puro – un recuerdo ideal. Se salvan de desgracias tales como la senilidad y la pérdida de funciones corporales, y se les concede la oportunidad de morir sin antes deteriorarse.

Si bien es muy importante entender que la supervivencia para una familia esquimal es sumamente difícil, también debemos recordar que, en este tipo de sociedad y con las inmensas distancias que separan a un grupo de otro, cada persona debe ser responsable de su propia supervivencia; y cuando ya no es capaz de hacerlo, tiene la oportunidad de morir una muerte digna – respetuosa y venerable.

En nuestra “evolucionada” sociedad las cosas son muy diferentes. Y el incremento en las expectativas de vida nos enfrentan a un nuevo reto – un reto para el cual la mayoría de nosotros no está preparado. Porque el aumento en el tiempo de vida no necesariamente va acompañado de un incremento en la calidad de vida…

Cuando envejeció, mi abuelita vivía aterrorizada ante la perspectiva de terminar sus días en un centro de retiro geriátrico; para su buena suerte y la de todos los que la quisimos, murió en su casa, rodeada de quienes en vida la adoramos. Pero antes fue víctima de la vejez – y de la pérdida de capacidades físicas y mentales. No creo que, al final, se haya dado bien cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor.

Y entonces me prometí que, llegado el momento, cuidaría de mis padres.

Bien – ese momento está cada vez más cercano y yo no me siento lista para afrontarlo. Me siento, en verdad, aterrada.

De tal forma que escribo este artículo tanto para ustedes como para mí.

Los invito a acompañarme.

Siento que el primer paso que debo dar es aceptar esta nueva realidad. Aunque me resulte doloroso, debo asumir las necesidades y limitaciones de mis padres, aceptar que se están haciendo viejitos; que, aunque en algunos aspectos aún son autónomos, en otros se han tornado dependientes; que en algunos aspectos siguen siendo mi respaldo y apoyo, mis maestros, mi guía, pero en otros ellos necesitan mi apoyo y dependen de mí.

Sin lugar a dudas esto es doloroso para todos.

Cuando pienso en los diferentes roles que he desempeñado a lo largo de la vida, me parece que para cada uno de ellos tenía muchos ejemplos de personas que estaban haciendo lo mismo; tenía una especie de mapa, un instructivo, que me permitía saber lo que tenía que hacer, lo que se esperaba de mí…

Pero pareciera que, para este nuevo rol, carezco de guía; no he tenido maestros que me muestren el camino. Se trata de una experiencia totalmente nueva y sin referentes que me den un punto de comparación.

Y me pregunto: ¿¿¿¿¿¿por qué es tan difícil?????

De entrada, porque me confronta emocionalmente.

Se acuerdan de la película “El Curioso Caso de Benjamin Button”?   Un hombre nace viejo y cada vez se va volviendo más joven – hasta que llega a niño y muere, siendo un bebé.

Enfrentar la posibilidad de tener que cuidar de mis propios padres me hace sentir como esa película. Cuando criamos un hijo, cada paso que damos nos va acercando hacia nuevos logros, nuevos retos; vamos construyendo, creciendo junto con él. Pero cuidar a un adulto mayor significa acompañarlo en el proceso de la pérdida de funciones- y cuando ese adulto mayor es un ser querido, el proceso es sumamente doloroso. Pocos estamos preparados para eso.

En algunas sociedades el futuro parece más claro; existe toda una gama de casas de retiro, desde facilidades privadas, elegantes y funcionales, hasta las públicas que todos hemos tenido oportunidad de ver en las películas y series de televisión.

¿Alguna vez has visitado una casa de retiro geriátrico? Me da tristeza sólo recordarlo. Algunos viejitos logran hacer amistades y pasan el tiempo platicando o, los más afortunados, involucrados en alguna actividad que comparten (jugar ajedrez, a las cartas, salir a caminar); pero la mayoría pasa viendo la televisión o dormitando de aburrimiento. Pendientes de la próxima visita de sus familiares que, muchas veces, tarda en llegar… pues muchos de ellos están simplemente abandonados.

No culpo a mi abuela por el terror que experimentaba.

El abandono en que viven muchos de ellos es una muestra de insensibilidad y de cómo se han ido perdiendo los valores y principios que ellos mismos nos enseñaron al criarnos de niños.

No podemos olvidar que debemos tratar a los ancianos como los seres humanos que son; sólo así podemos considerarnos humanos también.

Tampoco podemos olvidar que nosotros también llegaremos a eso. ¿Cómo quieres ser tratado entonces?

Las casas de retiro geriátrico aún no son muy comunes en América Latina; apenas ahora empieza a surgir esta opción y muchos la vemos con cautela. En México estamos acostumbrados a velar por nuestros viejos en casa, en familia. Pero estar acostumbrado no es lo mismo que estar preparado.

Acompañar a nuestros padres mayores no es una tarea fácil. No se trata únicamente de darles amor; también implica cuidar de ellos, y la verdad es que yo no sé cómo hacerlo. ¿Qué necesitan mis padres? ¿Qué debo saber y hacer para poder cuidar de ellos?

De entrada, merecen respeto.

Yo nunca podría pretender que voy a ser “mamá de mi mamá” – lo que significa que nunca podría tratarla como una niña. Ella nunca va a dejar de ser mi mamá, un adulto que desea y merece ser tratada como adulto.

Necesitan cuidados.

Pero cuidar, en esta etapa de la vida, es una tarea compleja. Porque ellos tienen problemas de salud, deben tomar ciertos medicamentos, evitar ciertas actividades y alimentos; y sus propias costumbres, bien arraigadas y difíciles de abandonar, muchas veces son un obstáculo para la buena convivencia, a pesar de todos nuestros buenos propósitos y todo nuestro amor.

¿Cómo puedo apoyar sin estorbar? ¿Ayudar sin imponer?

Responder a esto no es fácil; se trata de encontrar el balance entre acompañar y cuidar, apoyar sin interferir e intentar respetar, en la medida de lo posible, los propios gustos de los padres al mismo tiempo que se encuentran las formas correctas de funcionamiento de la casa.

Mis padres viven en su propia casa y tienen ayuda de una empleada doméstica; esto facilita mucho las cosas, pero algunas personas deben vivir con sus padres mayores, ya sea en casa de ellos o traerlos a vivir a la casa de los hijos. Esto puede facilitar las cosas – en el sentido de cercanía y gastos – pero también complicarlas, en el sentido de agobio y “pisarse los callos” unos a otros.

¿Qué funciona mejor para ti?

Y no podemos olvidar que, si los padres son mayores, los hijos tampoco somos ya unos jovencitos: tenemos nuestros propios problemas de salud, nuestras propias costumbres y necesidades.

De manera que estos son los consejos más importantes que me doy a mí misma al escribir estas notas:

  • Sé cautelosa, respetuosa. No pretendas aplicar un esquema que te es conocido – el esquema de cuidar de los hijos – a esta situación, pues es radicalmente diferente. No pretendas ser mamá de tus padres. Recuerda siempre que son tus padres, que son adultos. Que quieren – ¡¡necesitan! – sentirse útiles y autónomos. Sentirse capaces de tomar sus propias decisiones, aunque sean equivocadas. Porque, para empezar, ¿qué es “lo correcto?” ¿Quién soy yo para decidir lo que es correcto?
  • Da tu ayuda si te la solicitan, pero no la impongas cuando ellos quieren hacerlo solos.
  • Ponte en su lugar. En la medida que nos volvemos físicamente frágiles y perdemos habilidades cognitivas, perdemos el control de nuestra propia vida. ¿Te imagines cómo deben sentirse tus padres cuando necesitan apoyo aún para las acciones más sencillas del día a día? Ten compasión.
  • No impongas tu voluntad. En la medida de lo posible, comparte la toma de decisiones; siempre será mejor decir “¿Qué crees que deberíamos hacer ….” en lugar de “Mamá, tienes que …”
  • No olvides que, sin importar tu edad, para ellos tú siempre eres su hija.
  • Identifica y utiliza tus redes de apoyo – hermanos y otros familiar. No tienes por qué enfrentar esto tú sola.
  • Si eres creyente, pide ayuda a Dios.

Sé que el proceso del que hemos venido hablando me ha puesto muy en contacto con la divinidad; rezo y le pido a Dios que cuide de mis padres, que me dé paciencia y sabiduría para comprender qué necesitan ellos y qué necesito yo, para saber cómo ayudar, cuándo debo acercarme y cuándo debo retirarme. Que me permita contactar la compasión que ellos necesitan y me dé fuerzas para poder salir adelante en esta labor.

Y, bueno; hay otros temas que tampoco podemos descuidar, aunque a muchos de nosotros nos causen malestar.

Los aspectos financieros y legales.

Es de suma importancia preparar los documentos adecuados; asegúrate de tener un poder legal para el manejo no sólo del dinero, sino también de otro tipo de decisiones y trámites de tus padres, si fuera necesario, antes que sea demasiado tarde; anímalos a hacer un testamento y, si así lo desean y deciden juntos, una voluntad anticipada.

Todos estos son pasos dolorosos; mucha gente considera cruel pedir a un anciano que haga su testamento, pues “lo confronta con su propia muerte”; pero, por más doloroso que sea, es mucho mejor hablarlo y dar juntos las pasos necesarios para dejar todo arreglado, que ir posponiendo hasta que es demasiado tarde. Los problemas que enfrentan las familias que no dejan “todo arreglado” no son nada despreciables ni deseables.

Estos pasos yo los di con mis padres después de una enfermedad muy seria de mi mamá; permaneció 10 días en terapia intensiva y su recuperación ha sido lenta y emocionalmente muy fuerte para ella. Fue, sin lugar a dudas, una llamada de atención para todos. En verdad: dormimos mejor después de dejar todos los documentos en orden.

Mis padres acaban de cumplir 63 años de casados; al momento de escribir estas líneas su estado de salud es bueno y la relación entre ellos y yo con ellos es armoniosa y amorosa. Tener a mis padres mayores con vida es, sin lugar a dudas, una bendición. Yo le agradezco a Dios su presencia cada día que los tengo.

Hay una frase que se ha vuelto muy popular: “vive cada día como si fuera el último”. Y yo, de mi propia cosecha, “vivo cada día como si fuera el último que podré compartir con mis padres.”

Vivir así me ha vuelto una mejor persona.