Una de las quejas que con mayor frecuencia escucho en mi consultorio es “mi mamá no me entiende.” Se la oigo a hijos de todas las edades, pero principalmente a los adolescentes. Y es que todos los que alguna vez hemos sido hijos, hemos pasado por esta sensación de “mi mamá no me entiende.”

Se han dado muchas explicaciones para esta experiencia: la brecha generacional y “estos jóvenes de ahora…” se encuentran entre las más frecuentes. Pero, ¿qué es lo que hacemos las mamás, o qué dejamos de hacer, para generar en nuestros hijos esta sensación?

En muchas ocasiones lo único que hacemos es simplemente estar, estar ahí.

La única forma de vivir una vida completamente libre de conflicto es quedarte sola y encerrada en tu casa. Porque siempre que hay una relación, hay conflicto.

En el caso de las relaciones madre-hijo, el hecho de que sea la madre la encargada de educar, formar, disciplinar a los hijos, genera entre ambos un conflicto: “yo quiero que tú hagas algo que tú no quieres hacer” es el caldo de cultivo idóneo para generar un conflicto.

Y mientras que los hijos enfrentan día a día los “obstáculos” impuestos por las madres para hacer todo lo que ellos quieren, las madres enfrentan a diario la frustración por conseguir que sus hijos obedezcan, es decir, hagan lo que ellas quieren.

A veces pienso que “mi mamá no me entiende” tal vez sólo se trate de una etapa más por la que todos debemos atravesar. Una etapa más, como enseñar a los niños a controlar sus esfínteres, en la que los deseos de unos (los hijos) chocan contra los deseos de otros (los padres).

Y de la misma manera que la mayoría de nosotros aprende a controlar sus esfínteres, la mayoría de nosotros alcanzamos una etapa en la que nos damos cuenta de la importancia de adquirir hábitos, respetar reglas y aceptar que, a veces, no podemos hacer todo lo que “se nos antoja.”

¿Qué podemos hacer mientras nuestros hijos llegan a eso?

Una de las cosas más importantes que podemos hacer es darnos cuenta de la diferencia entre una “buena pelea” y una “mala pelea.” Hay varias diferencias entre estas formas de pelear.

  • Una buena pelea se centra en un tema y busca encontrar soluciones – una mala pelea se centra en demostrar que yo tengo la razón y no voy a parar hasta conseguir lo que quiero.
  • Una buena pelea toma en cuenta los sentimientos del otro – una mala pelea se centra en lastimar al otro, lastimarlo más de lo que él me lastima a mí.
  • Después de una buena pelea, ambos suelen llegar a una solución – después de una mala pelea, ambos “contendientes” suelen sentir que perdieron.

En pocas palabras, una buena pelea es productiva y una mala pelea es destructiva.

Ahora puedes preguntarte: ¿Cómo peleo yo? ¿Qué busco cuando peleo con mis hijos?

Con esto no estoy diciendo que tengas que pelear… lo que intento decir es que no siempre pelear es grave. Si no se pierde el respeto, si ambas partes están dispuestas a escucharse mutuamente, a cambiar, a ceder (al menos de vez en cuando), la pelea puede lleva a algo constructivo.

¿Qué te puede ayudar a “pelear” bien?

  • Reconoce los sentimientos de tu hijo. Palabras como “entiendo que te sientes molesto conmigo” o “veo que estás muy enojada” pueden ayudar a abrir una conversación.
  • Muéstrale que estás dispuesta a escucharlo. Con mucha frecuencia negamos un permiso sin saber de qué se trata o sin dar la menor posibilidad de negociar una solución. Si le dices a tu hija adolescente “no puedes ir a la fiesta porque tu cuarto está tirado” sólo conseguirás que se moleste y el cuarto… seguirá sucio. Decir “si quieres ir a la fiesta, tu cuarto debe estar recogido” tal vez la motive a limpiarlo.
  • Habla de tus propios sentimientos y evita las recriminaciones. Observa la diferencia entre “toda la vida dejas las cosas fuera de su lugar” y “cuando llego a la casa, cansada de trabajar, y encuentro tu ropa tirada, me siento molesta.”
  • Invítalo a encontrar soluciones juntos. El mejor momento para resolver un conflicto no es cuando el conflicto está presente. Encuentren momentos para platicar y buscar mejores formas de interacción entre ustedes.

La comunicación como antídoto.- 

La comunicación con los adolescentes es muy importante, pero existen muchas situaciones que interfieren y limitan las posibilidades de comunicación entre los padres, especialmente la madre, y sus hijos adolescentes.

Si bien es cierto que los adultos tienen más experiencia en la vida que los adolescentes, los adolescentes no lo creen así; creen que los adultos están pasados de moda, que no entienden nada y que no saben nada. Los adultos,  por su parte, se ofenden ante estos pensamientos. Pero yo a veces me pregunto si en verdad los adolescentes no tienen razón en este sentido… bueno, al menos algo de razón. ¿Sabes lo que es una red social? ¿Qué tanto sabes de música actual? ¿Qué tanto sabes de Internet? ¿Sabes usar una computadora, un iPad, un aparato de blue ray…? ¿Sabes qué significa chatear? ¿Has oído hablar del Parkours, el Kick Boxing, los Patinetos…?

Estos son los temas que interesan a tus hijos actualmente…

Una de las cosas que facilita la comunicación entre dos personas es cuando se tiene un tema en común; muchas veces los adultos criticamos las actividades en las que se involucran los adolescentes sin entender de qué se tratan. Otras veces censuramos a sus amigos por su apariencia física, descalificando cualquier otra cualidad que pudieran tener porque no los conocemos y tememos que sean una “mala influencia” para nuestros hijos. ¿Cuáles son los errores más comunes en que caemos como padres en la comunicación con nuestros hijos adolescentes?

  • Exigir algo para lo que no nos hemos preparado como familia

En muchas familias existe poca comunicación desde que los niños son pequeños. No es raro encontrar que cada miembro de la familia tiene sus intereses y ocupaciones, se comparten poco las experiencias y la televisión ocupa gran parte de los momentos que todos pasan juntos. Esta se vuelve la forma habitual de funcionar de la familia y a nadie parece preocuparle.

Pero como la adolescencia está reconocida como una etapa particularmente complicada para los jóvenes, cuando los hijos llegan a la adolescencia, los padres comienzan a preocuparse porque ” nunca me cuenta nada,” ” se la pasa con sus amigos,” “nunca sé lo que está haciendo,” etc.

La realidad es que, si para ti es importante la comunicación con tus hijos, debes ayudarlos a desarrollar el hábito de comunicarse contigo desde que son pequeños. Esto no quiere decir que todos los días les preguntes “¿cómo te fue en la escuela?” “¿a qué jugaste en el recreo?” o “¿qué tienes que hacer de tarea?” Para que un niño aprenda a comunicarse con sus padres, los padres también deben saber comunicarse con sus hijos.

Es como salir a tomar un café con una amiga: tú le platicas y ella te platica. ¡Qué aburridas son las conversaciones en donde la otra persona acapara la conversación y nunca se interesa por ti! Pero de la misma manera tú no puedes contarle siempre algo o alguien si la otra persona no comparte sus propias experiencias contigo.

Pues con los hijos es igual. Para que tus hijos se comuniquen contigo, tú debes comunicarte con tus hijos. Si esto no sucede desde la infancia, será muy difícil que tus hijos adolescentes se comuniquen contigo.

– Adoptar una postura defensiva

Cuando tu hija te dice “mama, tú no entiendes” muchas veces tiene razón porque, efectivamente, no entiendes. Pero ¿serías capaz de reconocer que esto es así? ¿Por qué nos resulta tan difícil aceptar que en verdad, a veces no los entendemos? Si comenzamos por reconocer que efectivamente no lo estamos entendiendo, podemos tener respuestas como “pues no, no te entiendo; pero estoy intentando. ¿Podrías ayudarme a entender?”

Una respuesta como ésta seguramente:

– Sorprenderá a tu hija adolescente (¡en realidad sorprendería a cualquiera!)

– Transmitirá que tienes un interés por comprender

– Probablemente abrirá un canal de comunicación, más que cerrar una puerta

Olvidamos crear oportunidades para la comunicación

Una de las grandes ironías de esta época es que, si bien los avances tecnológicos han hecho que la comunicación sea cada vez más rápida, casi instantánea, más amplia, abarcando casi todo el mundo y más barata, en nuestros hogares no existe un espacio para la comunicación. Si tus hijos pasan la mayor parte del tiempo encerrados en su recámara y tú estás ocupada en otra parte de la casa, existe muy poca probabilidad de interacción entre tú y ellos. Para que exista la comunicación tenemos que estar en el mismo espacio. Debemos crear oportunidades para la comunicación.

Además, para que exista la comunicación debemos encontrar un tema acerca del cual comunicar. Ya mencionaba yo el desconocimiento que muchos adultos tenemos acerca de los temas que interesan a los adolescentes; y si bien es cierto que no tienes porque compartir el gusto de tu adolescente por el DJ de moda, el último deporte extremo o los peinados estrafalarios, mostrar interés por conocer las razones por las que a ella le interesa ese tema, puede ser suficiente para abrir un canal de comunicación. Si ella te platica acerca del tema, no sólo ampliarás tu cultura acerca de los temas de actualidad, sino podrás conocer mucho acerca de tu adolescente.

– Adoptamos una postura crítica

En muchas ocasiones descalificamos la conducta, creencias, amistades e intereses de nuestros hijos adolescentes; ¡y lo hacemos sin realmente tener información acerca de ellos!

Es verdad que una de las funciones más importantes que desempeñamos como madres es la educación de los hijos, pero ésta no es nuestra única tarea.

Cuando los niños son pequeños, pareciera que el único tema del que muchas madres hablan es el tema escolar, especialmente cuando el niño tiene problemas en la escuela… Es difícil imaginar que, ante esta situación, el niño quiera platicar con su mama. ¡Y es que hay tanto más a un niño que su rendimiento académico! Pero a veces lo olvidamos.

De manera semejante, cuando los hijos llegan a la adolescencia, toda nuestra conversación con ellos se limita a enseñarles algo, pedirles que cambien su actitud, decirles que están haciendo algo mal o convencerlos de que nosotras tenemos la razón. ¿Cuándo fue la última vez que platicaste con tu hija por el simple gusto de platicar con ella?

Muchas mamás comentan que a sus hijas no les interesa nada de lo que ellas hacen; pero ¿a ti te interesa lo que hace tu hija? Una lamentación (o queja) frecuente que he escuchado es “platica horas enteras con sus amigas, pero conmigo es un silencio total.”

También a nosotras, cuando tenemos una amiga, no nos faltan temas de conversación; la amistad se basa en intereses comunes y no tienes que buscar de qué hablar. Pero si te gustaría platicar con tu hija adolescente y no tienes temas de qué hablar con ella, un buen principio puede ser preguntarte  ¿cuáles son los temas de los que habla mi hija con sus amigas?

Algunos de los temas que interesan a los adolescentes son los deportes, los autos, la música, la ropa y los jóvenes del sexo opuesto… ¡¡¡no muy diferente a lo que nos interesaba a nosotras cuando éramos adolescentes!!!

En este sentido, es importante no confundir mostrar interés por los temas que a ella le interesan con convertirte en fan de sus temas. Muchas adolescentes se sienten avergonzadas cuando sus mamás se empiezan a comportar como adolescentes o invadidas cuando se “hacen cuatas” de sus amigas.

Ufff! No es fácil, ¿verdad?

Pero de la misma manera que los adolescentes se enfrentan con una vida nueva al entrar a esta etapa, los padres debemos adaptarnos a estos cambios. Y las recompensas de una buena comunicación pueden ser enormes.

Veamos algunas ideas que pueden ayudar a abrir la puerta a la comunicación con tus hijos adolescentes.

– Busca oportunidades para comunicar por el puro gusto de platicar

Cuando conocemos a una persona nueva, toda nuestra comunicación se centra en conocerla; hacemos muchas preguntas y estamos dispuestos a dar muchas respuestas. Nuestro único objetivo es platicar, conocer al otro y que el otro nos conozca. ¿Por qué no traer esta frescura a nuestra relación con nuestras hijas adolescentes? Si quieres conocer a alguien, platica acerca de un tema que le interese. Así que la próxima vez que platiques con tu hija intenta descubrir qué le interesa, evita la tentación de aleccionar, escucha más y regaña menos.

Intenta centrarte en lo positivo

Como ya mencioné, gran parte de nuestra interacción con los adolescentes está relacionada con corregir alguna conducta, hacerles ver nuestro punto de vista o pedirles que cambien una actitud; debido a esto, gran parte de nuestra comunicación suele ser negativa: señalamos errores, conductas inapropiadas, fracasos. Esto es cierto a cualquier edad, pero sucede especialmente durante la adolescencia de nuestros hijos.

A ninguno de nosotros nos gusta interactuar con alguien que todo el tiempo nos está señalando nuestros defectos o nos está aleccionando acerca de algo; a todos nos gusta recibir muestras de aprecio y reconocimiento por las cosas que hacemos bien.  Y los adolescentes no son diferentes.

Tus hijos necesita saber que sus conductas positivas generan una respuesta positiva de parte tuya, mientras que sus conductas negativas generan una reacción negativa. ¿Cuándo fue la última vez que le hiciste saber a tu hija que algo de lo que ella hace lo hace muy bien?

En muchas ocasiones se genera un círculo vicioso en el que tú y tu hija se encuentran atrapadas. Como tenemos pocas oportunidades de interactuar, la mayor parte de nuestras interacciones son negativas; esto genera que tu hija adolescente se encierre y evite el contacto contigo con lo cual disminuyen aún más las oportunidades de interacción…

Tomar conciencia de este círculo vicioso puede ser el principio de una solución.

– Habla más de ti

Otra actitud en la que muchas madres caemos es la “actitud del detective”; si bien es cierto que nosotras preguntamos para conocer a nuestras hijas, también es cierto que a muchas adolescentes no les gusta sentirse cuestionadas, pues detrás de las preguntas captan crítica y descalificación. En este sentido puedes intentar platicar más de ti.

Si bien es cierto que compartir nuestras experiencias es algo a lo que muchas veces no estamos acostumbradas, es un hábito que merece la pena desarrollar; y nunca es tarde.

Frecuentemente he escuchado una queja en la consulta: “Cuando se sube al carro le pregunto cómo le fue en escuela; me responde con monosílabos y después se queda callada.” Yo siempre hago la misma pregunta: “¿Y tú qué le pláticas? Casi siempre esta pregunta genera un silencio como respuesta.

Si quieres que el otro platique, comparte también cosas tuyas.

Conoce a tu adolescente

No todas las personas reaccionamos de la misma forma. Algunos adolescentes responden muy bien a las explicaciones; otros no. Algunos son capaces de llegar a acuerdos a través de la negociación, pero otros deben experimentar las consecuencias de sus acciones. No hay respuestas mágicas que funcionen para todos y tú deberás ir descubriendo cuáles funcionan con tu hijo… o con cada uno de tus hijos.

Una reflexión final

Aunque a veces pueda parecer lo contrario, esta etapa es temporal. Todos los adolescentes pasan por este difícil periodo, pero eventualmente lo superarán.

Y lo más importante es que, si tú y tus hijos reconocen que detrás de cada ” tú no me entiendes” hay un genuino deseo de ser entendido, podrán convertir esta etapa en una oportunidad para el aprendizaje más que en un obstáculo para su relación.

¡Buena suerte!

Dra. Nancy Steinberg

Psicoterapeuta

5294-0354

doctora.nancy@yahoo.com.mx