Nancy Steinberg | La Doctora de los Niños

Un tema que con mucha frecuencia causa problemas en las familias es cuando los hijos no quieren bañarse.

El ejemplo típico es cuando los niños que disfrutaban del baño, repentinamente se resisten  a él, llegando a presentar llanto, berrinches, gritos e incluso patadas o manotazos al intentar meterlos a la tina. Los padres han intentado de todo, sin éxito.

Esto es muy frecuente en la infancia tardía (entre los 18 meses y los 3 años de edad). Veamos algunas de sus causas:

Temor:

Recordemos que uno de los logros más importantes de esta etapa del desarrollo es que los niños  aprenden a caminar; y con esta nueva habilidad, aparecen grandes retos.  El niño puede sentirse inseguro pues todavía no tiene suficiente equilibrio y puede tener temor a caerse dentro de la tina; puede desarrollar miedo si, por ejemplo, se resbaló en la tina y se golpeó o si tragó agua en una piscina.

Además, cuando le lavas el pelo y la cara, le puede entrar jabón o shampoo en los ojos… nada agradable!

Otra fuente de temor: qué es ese hueco por el cual  se va el agua en remolino al final del baño? Con el incremento en las habilidades cognitivas, el niño comienza a plantearse todo tipo de preguntas… para las cuales aún no tiene respuesta!!!  Y si bien a nosotros puede parecernos ridículo, en el razonamiento del niño “si el agua puede irse por ahí, yo también.”

Otra de las razones por las cuales los niños se resisten a bañarse es porque están involucrados en actividades más interesantes y no quieren renunciar a ellas para ir a bañarse.

Finalmente, es tradicional que los niños vayan a bañarse por la tarde-noche y el baño marca el inicio del ritual de irse a dormir; si niño no quiere irse a la cama, hará todo lo posible por atrasar el inicio del ritual y, por lo tanto, la hora del baño.

Un primer paso para alcanzar una solución es tratar de comprender las  razones por las que la conducta puede estarse presentando; y como podemos darnos cuenta, el manejo es diferente para cada situación. En todo caso, lo que debe resolverse es la causa de fondo y no la resistencia específica a bañarse. Veamos algunos ejemplos:

Si el niño ha desarrollado miedo, intenta ayudarlo a recuperar la confianza. Por ejemplo: enséñale que el patito de hule no se va por el desagüe, y que él tampoco se podría ir por ahí.

Si no quiere dejar una actividad divertida, avísale con tiempo que pronto tendrá que bañarse y no lo interrumpas de forma intempestiva. Permite, por ejemplo,  que termine  su  programa de televisión o lo que está jugando en la computadora.  Ayúdalo a hacer del baño una situación placentera, por ejemplo, con algunos juguetes. Pero ojo!!! Es muy importante que prepares el baño como algo agradable y no que utilices los juguetes como una forma de soborno. Mira la diferencia entre decir:

“Ven, vamos a preparar el baño. Escoge los juguetes que te gustaría llevar a la tina para que puedas jugar al final” antes del baño y decir:

“Si dejas de llorar, te compro el cochecito  que tanto querías” cuando el niño ya está haciendo un berrinche.

También puede ocurrir que el niño simplemente no quiere hacer lo que tú le pides. Qué puedes hacer?

Puedes aprovechar esta situación como una buena oportunidad de aprendizaje para tu hijo y, a la vez, enfatizar que tú eres el adulto y que estás en control.  Se requiere mucha paciencia para corregir un mal hábito que ya se ha establecido; intenta, en todo caso, encontrar una solución que, al igual que el shampoo, sea de “no más lágrimas.”  El Movimiento Prohibido Castigar te aporta algunas sugerencias en este sentido.

Utiliza un calendario:

Establecer una rutina  permite al niño planear su día y organizarse de tal forma que pueda cumplir con las reglas establecidas en casa. Por ejemplo:  seleccionen los programas de televisión que más le gustan y organicen la hora del baño alrededor de este horario; el respeto a sus intereses y actividades facilitará que él cumpla con lo que tú le pidas.

Utiliza un boleto:

Prueba decir frases como la siguiente: “El boleto para que puedas ver tu programa de televisión, es que hayas terminado de bañarte y  ponerte la pijama.”

El mensaje que deseas enviar al niño es que hay cosas con las que él tiene que cumplir, que no son negociables; ir a la escuela y  bañarse son ejemplos de ello. Por tu parte, estás dispuesta a apoyarlo para que la actividad le sea placentera, pero tiene que bañarse.

Si el niño está pasando por una temporada difícil, puedes, por ejemplo, limpiarlo con un paño húmedo, y no forzarlo a meterse a la tina si la situación le resulta atemorizante. Recuerda que  se trata de una situación pasajera  y que tu relación con el niño siempre será más importante que su limpieza.

Nancy Steinberg

midoctoranancy.com

@doctora_nancy