Nancy Steinberg

La Doctora de los Niños

A todos nos gusta ganar.

Si le preguntamos a cualquier persona qué prefiere, ganar o perder, la mayoría de la gente, si no es que toda, responderá que prefiere ganar. Pero hay una enorme diferencia entre preferir ganar y dar tanta importancia a lograrlo que se nos olvida el verdadero objetivo de las actividades.

Podríamos pensar que, por el hecho de vivir en sociedad, la vida es una competencia continua; pero esto no es así… al menos no para todos.

Los niños aprenden a ganar y a perder muy temprano en la vida; veamos algunos ejemplos:

  • no siempre podemos comer lo que más nos gusta
  • no siempre podemos elegir la película que queremos ver
  • a veces tenemos dificultad para aprender una nueva habilidad, como andar en bicicleta o un nuevo juego de video

Sí, ejemplos hay muchos. Pero nosotros tenemos la opción de vivir estas situaciones como “pérdidas” o aprender que el reverso de la moneda también es cierto; es decir: a veces sí puedo comer lo que más me gusta, elegir una película o aprender con facilidad una nueva habilidad.

¿De qué depende que algunos niños no desarrollen la capacidad de enfrentar el fracaso?

La respuesta no es sencilla y depende de muchos elementos.

Desde una edad muy temprana los niños observan la respuesta de la gente a su alrededor, especialmente sus padres, ante las pérdidas y decepciones. Observan, por ejemplo, que los adultos que pierden se enojan, abandonan las actividades, intentan dar excusas por haber perdido o tienden a culpar a los demás (con frases como “hiciste trampa” o “lo que pasa es que ya conocías el juego”).

Otra actitud en la que muchos padres caen es dejar que el niño gane siempre, privándolo así de la maravillosa oportunidad de perder. Muy pronto en la vida el niño se dará cuenta del engaño pero, mientras esto sucede, el mensaje que le estamos mandado es que él siempre es el mejor, situación poco deseable por diversas razones: porque es falsa, porque es imposible y porque, si ya soy el mejor, ¿para qué tengo que esforzarme en mejorar?

Y lo más importante de todo: al vivir en sociedad, nosotros mismos hemos desarrollado una actitud de competencia, de intentar ser el mejor en todo. Pareciera que en cada actividad en la que nos involucramos tenemos que demostrar nuestra superioridad, perdiendo el gozo y el placer de la actividad misma por la necesidad de superar a todos los demás.

Todos sabemos que los niños aprenden por imitación; de manera que absorben todas estas actitudes en cada una de nuestras conductas.

De ahí que sea sumamente importante reconocer cuándo un problema se está gestando para poder corregirlo lo más temprano posible. Y la verdad es que los niños que no saben perder se la pasan muy mal:

  • otros no quieren jugar con ellos
  • se burlan de ellos
  • los adultos los critican
  • la sensación de perder les resulta muy dolorosa

¿Cómo puedes ayudar a tus hijos a aprender a perder y, por qué no, a ganar?

Pon el ejemplo.-

Comienza por reconocer cuál es tu forma de reaccionar frente al fracaso. Y no me refiero únicamente cuando estás jugando: cuando discutes con tu pareja, cuando no te atienden rápido en la cola del supermercado, cuando alguien te gana el paso en el Periférico, etc.

Todos fuimos niños alguna vez y pasamos por estas mismas situaciones cuando éramos pequeños. Tal vez tú también creciste en una familia muy competitiva; pero si estás leyendo este artículo tal vez también te estés dando cuenta que tú misma te la estás pasando mal. De manera que, al ayudar a tus hijos a superar una situación, tú misma puedes salir beneficiada.

Recuerda que lo más importante es la actividad misma, disfrutar lo que estás haciendo y pasar un tiempo agradable juntos.

A veces resulta difícil encontrar el equilibrio entre la búsqueda de la superación personal y la competencia con los demás. En mi consultorio, trabajando en pequeños grupos con chicos con problemas de aprendizaje, he encontrado útil intentar enseñar a los niños que la única persona con la que cada uno de ellos debe competir es consigo mismo. Los chicos que tienen dificultades para aprender se benefician mucho cuando empiezan a reconocer que van mejorando; estoy segura que esto también es cierto para el resto de los chicos!

Platica con tu hijo.- 

Utiliza diferentes situaciones y ejemplos para hablar acerca de la importancia de ser un buen perdedor – y un buen ganador. Ya sea que estén viendo un programa de televisión o una película,  que el niño esté platicando acerca de un amigo que lloró porque perdió en el partido de fútbol, que tú misma platiques acerca de lo que observaste con alguna amistad o una escena en la calle, aprovecha para tocar la importancia de este tema.

Recuerda que cuando el problema está presente es un mal momento para hablar, porque el niño ya está enojado y poco receptivo a cualquier comentario que le hagas. De manera que es mejor hacerlo en otro momento y sin señalar al niño como protagonista del incidente.

Para ayudar al niño a recordar la actitud que deseas señalar, puedes utilizar frases como “no importa si ganas o pierdes, lo importante es aprender el juego,” “sé que esta vez no ganaste, pero me diste una gran batalla,” “ya ganaste porque lo intentaste y aprendiste algo nuevo,” “lo importante es que pudimos pasar un rato divertido.” Este tipo de cometarios, acompañados de la actitud correcta de tu parte, pueden ser muy útiles para que el mensaje empiece a formar parte de la realidad del niño.

Si en algún momento ves a tu hijo con una actitud negativa al perder evita señalarlo en público; llámalo aparte y platica con él acerca de lo que han aprendido juntos. A veces puede ser de utilidad preguntarle “qué podría haber hecho distinto?” o “qué te ayudaría a sentirte mejor.” Y déjate sorprender por las respuestas de los niños.

Ayúdale a centrarse en lo que ha aprendido, más que en el fracaso.-

Cuando nos sentimos decepcionados, tendemos a centrarnos en lo negativo; utilizamos frases como “no sirvo para nada” o “nunca lo voy a lograr.”

Cuando trabajas con tus hijos en esta escabrosa área de ganar y perder, les estás enseñando la importancia de la dedicación, la perseverancia y el reconocimiento del esfuerzo propio. No hay manera de evitar ganar y perder, son parte de la vida misma. Pero los niños que aprenden a manejar estas dos posibilidades, podrán continuar haciéndolo exitosamente cando sean adultos. 

Crea situaciones que le permitan practicar estas habilidades.-

Sabemos que muchas habilidades se van perfeccionando con la práctica; si tu hijo nunca enfrenta situaciones de competencia, tendrá dificultad en resolverlas cuando la vida se las presente. De manera que intentar protegerlo no es la solución al problema.

¿Qué puedes hacer?

–  Jueguen en casa

Los juegos de mesa o los naipes brindan una magnífica oportunidad de convivir en familia… y aprender el arte de ganar y perder. Especialmente en esta época en que los juegos de computadora o video han creado una gran barrera a la convivencia familiar.

  • Enseña a ganar

¿Alguna vez has jugado con alguien que se burla de ti cuando pierdes? ¿O que presume de que siempre es el mejor? La mayoría de nosotros hemos pasado por esta experiencia, por lo que merece la pena enseñar a los niños desde temprano lo desagradable de esta actitud. Puedes señalar que, de la misma manera que él se siente mal cuando pierde, el otro se siente mal cuando le toca el turno de perder. Ayúdale a reconocer lo enojado que se siente cuando el otro se burla para que pueda evitar hacerlo con los demás.

  • Cuándo es demasiado

Si el niño tiene una franca dificultad para aprender un juego, si pierde una y otra y otra vez, puede ser un buen momento para detenerse, antes de que alcance un nivel elevado de frustración y acabe dándose por vencido o detestando la actividad, negándose a volver a intentarlo en cualquier otro momento.

  • Y si siempre gana?

Poner nuevos retos a los niños con altas capacidades también puede ser muy importante; para estos chicos puede resultar aburrido ganar siempre, lo que también hace que se vuelvan intolerantes ante la posibilidad de perder o se burlen de los chicos con menor capacidad que ellos.

Enseñarle que diferentes personas tenemos diferentes habilidades puede ser uno de los mejores regalos que puedas hacer a tus hijos!

Y tú, qué prefieres? Ganar o perder?