Una de las estrategias que propongo en el Movimiento Prohibido Castigar es la compra de un boleto; se puede aplicar en la educación de los niños, en la comunicación con las parejas y en la vida en general.

Para aclarar este método utilizaré un ejemplo de adultos.

Imagina que te invitan a una boda y la invitación dice “Etiqueta rigurosa”.

Tú llegas de vestido coctel y tu esposo…  con traje café.

El vigilante, por supuesto, los detiene en la entrada y tú te molestas.

Analizando este sencillo ejemplo podemos decir que “el boleto para entrar a la fiesta es que tú vayas de largo y tu pareja, de smoking”. Si tú no cumples con esta consigna, el mensaje que estás enviando es que no quieres entrar, que no has comprado tu boleto.

De manera que tu molestia con el vigilante – y tus amigos los novios –  es injustificada.

Veamos ahora un ejemplo de niños.

Es la hora de comer y tu hija pequeña tiene dificultad para terminar: juguetea con la comida en el plato, se mete un bocado a la boca y ahí lo deja por horas; parece no terminar de tragarlo nunca. Al mismo tiempo lloriquea que ya no quiere comer, que se quiere ir a jugar – escena de todos los días.

Al límite de tu paciencia, recurres a la amenaza: “hasta que no te termines todo lo que tienes en el plato, no te puedes levantar”.

La próxima vez, intenta traducirlo por: “el boleto para levantarte de la mesa, es terminar lo que tienes en el plato”.

Con niños un poco mayores, los permisos para invitar a un amigo a casa pueden brindar otra oportunidad de acudir a la taquilla. Veamos.

A ti te gusta que tus hijos inviten amigos a la casa, pero te molesta que saquen los juguetes y no los guarden, dejando un gran desorden que te tocará levantar.

La reacción frecuente: “Mira el tiradero que dejaste; si no me ayudas a levantarlo, no vuelvo a darte permiso de invitar a tus amigos a la casa”.

Puede sustituirse por:

“Veo que tus amigos y tú la pasaron muy padre; pero dejaron mucho tiradero. El boleto para que te dé permiso de volver a invitarlos es que recojas lo que dejaron fuera”.

En todos estos casos recuerda mantener una actitud relajada, pero firme. A fin de cuentas, estás aprendiendo a no regañar…

Te invito a practicar esta estrategia; tú puedes crear tus propios boletos, de acuerdo a los intereses de tus hijos. Aquí te comparto un ejemplo que yo desarrollé con la imagen de mi primer perro, Pandy, quien me enseñó a amar a los animales.

 

Sí, ¡educar también puede ser  divertido!