Prohibido castigar | Un movimiento de esperanza.

by | Jul 23, 2014 | Mi Doctora Nancy, Prohibido Castigar

Prohibido Castigar es un movimiento que propone la búsqueda de  alternativas efectivas para la disciplina de los niños. Parte de la premisa fundamental (e infinidad de veces demostrada) de que los castigos no funcionan; dañan las relaciones entre los padres y sus hijos, crean un ambiente de hostilidad, dan lugar al resentimiento, al temor y al surgimiento de nuevos castigadores, gente que, al no conocer otras alternativas, perpetúa la búsqueda de soluciones por un método totalmente inútil.

Sé que estas palabras son muy fuertes, y si todo lo que he descrito tuviera como recompensa resultados positivos, yo sería la primera en estar dispuesta a pagar el precio, pero lo más triste es que la gente comprueba ¡una, y otra, y otra, y otra vez! que los castigos no funcionan, pero sigue utilizándolos…

Hace algunos días, una joven criticaba las ideas que planteo en mi columna; argumentaba:“yo considero que todos los niños deben tener alguna razón para temer a sus padres.” Yo no lo podía creer…

A los pocos días salió la publicación en la web de la segunda entrega de mi columna, ¡la respuesta de la gente ha sido realmente extraordinaria!, a las dos horas de subirla, tenía más de 2000 “compartir” de los lectores; no podemos saber cuántos la habían leído… al momento de escribir este artículo, el número supera los 12,000, un fenómeno sin precedentes en bbmundo. 

Al iniciar el Movimiento Prohibido Castigar, siempre supimos que iba a levantar muchas ampollas; creo que nos quedamos cortas… y las hemos levantado, por un lado, entre gente que cree que cuando yo digo Prohibido Castigar, lo que propongo es permitirle al niño hacer todo lo que quiera, solapar lo que ha hecho, o funcionar como si nada hubiera pasado – y, por el otro lado, con gente que considera que mi punto de vista es fantasioso, que las mamás “no somos amigas de nuestros hijos”, que debemos estar en control y transmitir a los niños que “aquí mando yo”, que no tenemos por qué negociar.

Creo que las ampollas se levantan porque este planteamiento nos obliga cuestionar si lo que estamos haciendo es correcto; porque nos cuesta trabajo abandonar nuestras ideas, aunque estén equivocadas; porque tenemos temor a lo desconocido y nos aferramos a lo conocido, aunque no funcione.

Pues bien; para dar respuesta a todas estas inquietudes, he escrito esta serie de artículos. Ayúdame a compartir estas ideas, enviando tus experiencias para que pueda elegir los ejemplos que me permitan ilustrar a qué nos referimos cuando hablamos de Prohibido Castigar.

Por el momento, les comparto los puntos fundamentales de este movimiento:

Las mamás castigan en un intento honesto de disciplinar a sus hijos, corregir su conducta, mejorar la convivencia y darles un futuro mejor. Yo todavía no he conocido a una mamá que, propositivamente, haga algo para lastimar a sus hijos.

Muchas se sienten culpables, desorientadas, poco eficientes o desesperadas al castigar y no obtener resultados. Entonces, ¿por qué lo siguen haciendo?

Yo creo que hay dos razones fundamentales:

  1. Seguimos castigando porque estamos convencidas que, si algo no funciona, es porque lo estamos haciendo mal: o el castigo no ha sido suficientemente severo o el premio es algo que no le gusta al niño. Entonces incrementamos la fuerza o duración del castigo; o le ofrecemos al niño un premio distinto, para ver si “ahora sí” su conducta mejora.
  2. Nos resistimos a dejar de castigar porque no tenemos otra alternativa.

La columna “Prohibido Castigar” comienza por analizar algunas de las razones por las cuales los castigos no funcionan:

  • No existe una relación causa-efecto entre el castigo y la conducta que estás tratando de modificar. Qué relación hay entre, por ejemplo, no estudiar y no ir a casa de mi amigo?
  • No hay una relación de temporalidad entre la conducta y el castigo. El niño reprueba en enero y no se va de viaje en diciembre…
  • No hay consistencia en la aplicación de las reglas en casa; a veces, ni siquiera hay claridad con respecto a las reglas!
  • Acompañamos el intento de disciplinar de una amenaza que, muy frecuentemente,  no se cumple; por lo que tú pierdes credibilidad
  • El niño está dispuesto a “pagar el precio” por salirse con la suya; como dice el dicho popular, “lo bailado nadie me lo quita…”

Por estas y otras razones, creer que los castigos funcionan es como esperar que una persona enferma mejore si le damos el medicamento equivocado – “si tan sólo encontramos la dosis correcta.”

¡No hay dosis correcta de castigo. Simplemente no funciona!, entonces, te preguntarás: qué puedo hacer? 

  • Lo primero es revisar si estás consiguiendo lo que deseas en relación a la conducta de tus hijos;
  • Si para lograrlo, tu relación con ellos sigue siendo buena o debes sacrificar tu relación para conseguir que te obedezcan;
  • Si lo logras a la primera, o debes repetir las cosas una y otra y otra vez hasta que, agotada tu paciencia, pegas un grito y finalmente obedecen;
  • Si al final del día tienes una sensación de agotamiento, insatisfacción, frustración, e ineficiencia.

La realidad es que, en muchas ocasiones, lo único que los padres quieren es que la conducta del niño cese o forzarlo a hacer lo que ellos le estás pidiendo y eso ¡no es disciplinar!. El verdadero objetivo de la disciplina es la guía, el aprendizaje, el desarrollo de habilidades sociales; forzar a un niño a obedecer nada tiene que ver con eso.

Lo que aquí proponemos es lograr la colaboración del niño para que, JUNTOS, alcancen los objetivos que tú estás buscando. ¡Y esto es factible!

Imagina que tu hijo no obedece cuando le dices que es la hora de irse a bañar; se los repites tres veces y, finalmente, le pegas un grito; entonces él se va a bañar… molesto él y molesta tú.

 ¿Qué puedes hacer?

Seguramente no jalonearlo – ni tampoco castigarle sin televisión, ni irse a la cama sin cenar – pero  tampoco permitir que se salga con la suya, ignorar el hecho de que no ha obedecido o perder el contacto con tus propios sentimientos, es decir, con la molestia que te genera que no te obedezca.

Podrías probar decir lo siguiente:

“Cuando yo te pido que te vayas a bañar y tú no me obedeces, yo me siento molesta; me cansa tener que repetir las cosas muchas veces y me entristece que únicamente respondes cuando te pego un grito. Qué podríamos hacer para que esta situación cambie?”

Este ejemplo permite analizar los elementos fundamentales que el MovimientoProhibido Castigar propone:

  • Utilizas un tono de voz normal – con lo cual invitas al diálogo y muestras que tú estás en control – de ti misma y de la situación
  • Describes tus sentimientos (“yo me siento molesta,” “me cansa…” y “me entristece…”) – esto permite que el niño se de cuenta del efecto que sus acciones tienen sobre los demás
  • Frente a una acción concreta, específica y fácilmente descriptible (“cuando yo te pido que te vayas a bañar y tú no me obedeces…”)
  • E invitas a buscar una solución concreta y conjunta (“Qué podríamos hacer para que esta situación cambie?”)
    Si analizamos bien la escena, podemos ver también que:
  • Se habla en positivo
  • Evitando generalizaciones y acusaciones
  • Se centra en el aquí y el ahora (en el ejemplo concreto de este momento)

Te invito a escuchar el audio de “Prohibido Castigar”

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