Con mucha frecuencia las mamás comentan que están preocupadas porque sus hijos no comen. El problema puede manifestarse de diversas formas:

  •  el niño se rehúsa a probar diferentes alimentos, limitándose a comer únicamente lo que le gusta; no importa cuántos esfuerzos haga la mamá por convencerlo y, si se le intenta forzar, puede incluso llegar a vomitar lo que se le dio
  • el niño tarda mucho tiempo en terminar la comida, mucho más de lo que sería razonable para su edad; juguetea con la comida, se levanta de la mesa, platica o simplemente se sienta durante horas frente al plato
  • hay niños que no comen nada, parecen “vivir del aire”; las escenas pueden parecer graciosas, pero en el fondo son desgarradoras: la mamá le ruega al niño para que coma algo, lo persigue por toda la casa, lo regaña; nada parece funcionar

¿Qué puedes hacer para resolver estos problemas?

Uno de los secretos de una alimentación sana es desarrollar el gusto por alimentos variados; y muchas veces nosotras no permitimos que esto suceda ¡sin darnos cuenta! Veamos por qué.

Desde el momento en que el bebé se sienta a la mesa “con los grandes”, empieza a aprender los gustos de la familia; de esta forma, es probable que no pruebe muchos alimentos porque a ti, a tu esposo o a tus otros hijos no les gustan.

Para evitar este problema, ofrece a tu bebé todo tipo de alimentos, aún los que a ti no te gusten. Y, si puedes, no le hagas saber que a ti no te gustan; esto puede sonar a broma, pero si lo que estás tratando de lograr es que tus hijos “coman bien”, puede resultar muy útil dejarlos formarse sus propias opiniones respecto a los diversos sabores y alimentos.

Respeta los gustos de tus hijos en lo que se refiere a la comida; si los adultos tenemos la libertad de no comer aquello que no nos gusta, ¿por qué forzar a los niños a hacerlo? Por otro lado, los gustos de los niños cambian; si dejas pasar un tiempo, puedes volver a ofrecer un platillo que antes no quisieron.

Cambiar la presentación o la preparación de un alimento a veces puede ser de ayuda. Así, poco a poco, puedes ir ampliando el menú de tus hijos.

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¿Qué pasa si tu hijo sólo quiere comer su plato favorito? Todas conocemos ejemplos como éste: durante toda la semana, el niño sólo quiere carne asada con papas fritas; la semana siguiente sólo acepta espagueti con albóndigas; y cada semana parece querer solamente un tipo de comida.

En muchos casos, esta es una etapa pasajera. También se ha visto que, en ocasiones, esto le permite al niño ir adquiriendo una dieta balanceada, mientras aprende a comer de todo o casi de todo. Este proceso puede tomar un tiempo, por lo que debes tener paciencia.

Como mencioné hace un momento, dar demasiada importancia a una conducta, a veces puede contribuir a agravarla; de tal forma que, si dejas pasar esta etapa de manera natural, es más probable que el niño la supere.

¿Qué podemos hacer cuando los niños no quieren comer?

Muchas de nosotras crecimos dentro de la filosofía que “los niños no deben comer entre comidas” y “se tienen que acabar todo lo que tienen en el plato.” Los estudios más recientes han encontrado que estas dos ideas son erróneas:

Por un lado, los niños tienen el estómago muy pequeño, por lo que las raciones que pueden consumir son más chicas que las de los adultos. Pero también desarrollan mucha actividad, por lo que necesitan más energía; de ahí que comer sólo tres veces al día puede no cubrir todas sus necesidades nutricionales.

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Los expertos recomiendan que los niños coman más de tres veces al día; y tú puedes ayudarles a seleccionar alimentos sanos para cada una de estas comidas, evitando los alimentos altos en grasa y, por supuesto, los alimentos chatarra.

Tampoco es recomendable forzar a un niño a terminarse todo lo que tiene en el plato; además de que esto puede favorecer la obesidad (de la que platicaremos en otro artículo), también es importante que el niño aprenda a “escuchar” a su propio cuerpo, y coma sólo hasta sentirse satisfecho.

Es muy importante no confundir esto, con el niño que no termina su comida porque quiere irse a jugar; esto corresponde más a una formación de hábitos, que a permitir que el niño empiece a desarrollar su propio sistema de control interno.

Finalmente, existe la posibilidad de que el niño no quiere comer por una situación de tipo emocional: porque está triste, o muy cansado, porque le fue mal en la escuela o se peleó con un amigo. O porque ha encontrado que ésta es la manera de lograr atención por parte de la madre. Antes de caer en el pánico porque tu hijo no come, puede ser útil tratar de platicar con él para ver qué es lo que le está preocupando y, de ser posible, ayudarlo a resolver el problema. En algunos casos, puede ser necesario consultar a un especialista, que te ayudará e encontrar ideas específicas para el manejo de estas conductas.