Una de las funciones más importantes que deben desempeñar los padres es educar a los hijos. A pesar de que se ha escrito mucho sobre el tema es frecuente que, cuando los padres se enfrenta con esta labor, se sienten culpables, desorientados, poco eficientes; en fin, desesperados.

A veces, disciplinar a los niños puede resultar muy difícil. Veamos por qué.

Como padres, todos queremos tener una buena relación con nuestros hijos; pero en el proceso de educarlos, a veces debemos prohibirles ciertas cosas y… “les caemos mal.”  Muchos haríamos cualquier cosa con tal de evitar las discusiones o el malestar de los niños.

Aquí, sentados frente a la computadora, nos puede parecer tan sencillo educar; a veces creemos que es una cuestión de decidir qué quiero que haga mi hijo y luego, simplemente, enseñarle a obedecer. Pero en la práctica las cosas no parecen funcionar.

¿Alguna vez te has preguntado cuáles son las herramientas que puedes utilizar para educar a tus hijos?

La mayoría de ustedes tal vez conteste que sus opciones son los premios y los castigos. Y que algunos niños responden mejor a los premios y otros a los castigos.

Pareciera que sólo tenemos dos alternativas: o dejamos que los niños hagan todo lo que desean, para que nos quieran; o les enseñamos a ser niños bien educados, obedientes y respetuosos, aún a costa de dañar la relación con ellos, pues “a la larga entenderán que es por su bien.”

Tal vez tú piensas que estas herramientas son muy parecidas y que, si no funcionan, es porque estás haciendo algo mal: o el castigo no ha sido suficientemente severo o el premio es algo que no le gusta al niño.

En una serie de artículos que he preparado especialmente para ti, vamos a ver la diferencia entre los premios y los castigos, la filosofía detrás de cada uno de ellos y las otras opciones que puedes utilizar en esta tarea, para hacerla más grata y eficiente.

Espero que esta serie te ayude a encontrar un equilibrio que te permita disciplinar y, al mismo tiempo, mantener una buena relación con tus hijos.